miércoles, 27 de agosto de 2014


John Baunville, aka Benjamin Black (1945)




John Baunville es un novelista irlandés que cuando escribe como Benjamin Black es heredero de una gran tradición anglosajona, la que va de la novela enigma a la novela negra y en ese sentido no parece haberse saltado ninguna de las etapas precedentes. No obstante, aunque la decisión de dedicarse a la escritura la tomó a los 12 no optó por el camino de la filología y la universidad, sino que como un grumete moderno probó la emancipación familiar trabajando a bordo de Air Lingus. Batió luego su escritura en tareas periodísticas hasta iniciar a los 25 una carrera literaria muy prolífica que se vió consagrada en 2005 con el Booker Prize. Esa prolífica capacidad se vió necesitada de un desdoblamiento en otro escritor, un alter ego encomendado tan solo a la tarea de la novela negra. Y aunque ese alias de Benjamin Black pudiera desanimar por su falta de seriedad, ésta no se traslada al texto. Baunville ha alcanzado tal madurez que puede escribir compulsivamente en tres meses una buena novela negra. Y ese torrente, que le alivia de los perfeccionismos a los que se obliga cuando firma con su nombre real, le ha valido la estima del exquisito Javier Marías y el disputado título de escritor canalla de Irlanda. Pero sobre todo, el gran elogio hecho por los herederos de Raymond Chandler al encomendarle una nueva aventura de Philip Marlowe que ha salido al mercado con el título de La rubia de ojos negros. Y es que, este escritor que parece haber renunciado a los ocho años a sonreir mostrando su dentadura, posee un sentido del humor a la altura de cualquier detective de la época dorada.
Puesto que Benjamin Black posee ya edición de bolsillo en la colección Punto de Lectura de Santillana Ediciones me veo en la obligación de advertir del irrestible poder subyugador de esta serie. Aquel que la comience se verá impelido a su lectura completa. 

El secreto de Christine (Christine Falls, 2006)

En esta novela se presenta Quirke, el patólogo forense cuarentón, estropeado por la ingesta masiva de alcohol durante más de dos décadas que protagoniza la serie. Quirke no puede evitar llegar hasta el fondo de la misteriosa muerte de un cadáver que su hermano adoptivo, el ginecólogo Malachy Griffin, ha usurpado de su territorio, la morgue del hospital de la Sagrada Familia. Esa intromisión profesional delata la rivalidad entre ambos y determina la implicación de su familia en el fin de los días de una joven de campo venida a la ciudad. A partir de ahí comienzan a aparecer el resto de personajes, la sobrina Phoebe malcriada por Quirke, su cuñada Sarah (verdadero y frustrado amor de Quirke y hermana de su difunta esposa Delia), su padre putativo, el gran juez Garreth Griffin que lo prohijó sacándolo de las oscuridades de la institución para huérfanos Carricklea que marcó su psique a fuego y el Dublin de los años 50 que recrea toda la serie. El desarrollo de la trama lleva los protagonistas de vuelta a Boston, origen del cisma familiar, y donde el autor logra en una página una semblanza de la presencia irlandesa en la mancomunidad de Massachusetts digna de un libro de historia. Allí el patriarca Josh Crawford, amigo de la infancia del Juez Griffin y su joven mujer, completan el desmochado árbol de la familia. Y también allí logra Quirke completar las piezas del puzzle gigantesco tejido en torno a la difunta Christine Falls.

- Whisky - dijo Quirke -. Se llama whisky, Mal. Se destila a partir de ciertos granos de cereal. Te embriaga.
...
 - Novedades, bien, veamos...Tenemos un conjunto completo de huellas dactilares, como es natural, y un par de rizos de cabello. Ah, y la colilla de un cigarrillo. De la marca Balkan Sobranie, reconocí la ceniza nada más verla. Y la mano de un mono, un amuleto que tuvo que dejar allí alguien de origen oriental, casi con toda probabilidad un marino procedente de la India.

Descripciones plenas de colores que no desmerecerían a Chersterton y guiños a Sherlock en los diálogos del inspector de homicidios Hackett que se convertirá en el confidente de Quirke hacen de este libro una novela que excede las exigencias del género negro para ofrecer un pedazo genuino de buena literatura.







sábado, 2 de agosto de 2014

Blanca Álvarez (1957)

Blanca Álvarez es una escritora asturiana, filóloga hispánica diplomada en trabajo social y que ha estudiado también derecho. Cobró notoriedad con el Premio Cálamo de poesía erótica, biografió a otra mujer de difícil clasificación como es la escritora Corín Tellado y ha compaginado la escritura con el periodismo. De la novela de adultos dió el salto a la novela juvenil en la que ha desarrollado una amplia y premiada trayectoria.

El club de los asesinos limpios (2005)
Es un libro indicado para lectura a partir de los 14 años porque se estructura como una novela negra donde no se orillan aspectos poco agradables de la sociedad que requieren de cierta madurez de comprensión. La entrada en coma de su tío notario proporciona al adolescente Antonio, aficionado como su padre a la novela enigma y aspirante a escritor, la ocasión de poner en práctica todo lo aprendido en sus lecturas. Eso le hará tomar contacto con la realidad más depauperada de los inmigrantes de su ciudad y con las mafias que rodean la especulación inmobiliaria.

- La ley es igual para todos.
- Puede que esté escrita de igual manera  para todos, chico rico, pero no se aplica del mismo modo. Para eso se han inventado los agravantes y los eximentes.